La soberanía no se descarga: por qué la comunicación del futuro es situada, comunitaria y diversa
- 12 ago
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Por Gabriela Herrera Gómez
La digitalización en América Latina se está convirtiendo en un proceso de soberanía tecnológica y co-creación junto a los territorios. Así se evidencia a través de las organizaciones que integran el Portafolio de Impacto de DemocráTICa, cuyas experiencias demuestran los retos y los hallazgos de supeditar la tecnología a los intereses de los procesos colectivos.
Para llegar a las comunidades más remotas de la Puna, en la provincia de Jujuy, en el extremo norte de Argentina, hay que viajar entre cinco y seis horas a más de tres mil metros sobre el nivel del mar. Esa es la travesía que realiza el equipo de Wikimedistas de Jujuy con un objetivo: formar editores comunitarios capaces de ampliar los espacios donde circula el saber global.
Este interés surgió al notar cómo las narrativas de su comunidad eran escritas desde perspectivas externas o atrapadas en plataformas con muros de pago. Encontraron un mecanismo que no solo abriera el conocimiento, sino que les permitiera convertirse en soberanos de sus identidades digitales.
“Nuestro rol más importante es visibilizar nuestras comunidades locales, ya que hemos sido históricamente subrepresentadas en un país donde históricamente han predominado narrativas centradas en una identidad eurocéntrica. Queremos mostrar otras realidades argentinas y generar una red con provincias cercanas como Salta o Tucumán, con las que compartimos mucha cultura”
explica Luis Fernando Flores, coordinador del proyecto Wikimedistas de Jujuy. Su trabajo es una respuesta a la invisibilización:
“A veces buscabas un dato de un paraje o una localidad sobre Jujuy y no estaba, estaba desactualizado o lo que decía era totalmente erróneo. Nuestro trabajo es corregir datos que están mal, un número de población o una ruta mal ubicada”.
Este cambio de paradigma, respaldado por la iniciativa regional DemocráTICa a través de acompañamiento técnico y recursos para proyectos territoriales, no es un hecho aislado en el altiplano. Se extiende como una infraestructura de resistencia por todo el continente, adaptando la tecnología a las lenguas y necesidades de cada geografía. Por ejemplo, la Asociación Apu Catequil en Perú migra registros de vigilancia ambiental a infraestructuras con IA para dotar a las comunidades indígenas de una contra-narrativa basada en datos frente a la minería. Por otro lado, en Ecuador, la Fundación ADHA utiliza la infraestructura MANKA (vía WhatsApp) para que las mujeres rurales gestionen información sobre sus propias necesidades territoriales.
Así también opera la comunidad de El Culebrón Timbal. A 40 kilómetros de la Capital Federal de Argentina, en el barrio Cuartel Quinto de la localidad semirural de Moreno, la productora y escuela cultural lleva 20 años combatiendo las desigualdades desde el movimiento de la cultura viva comunitaria. Con talleres, una escuela primaria de gestión social y una granja educativa, su enfoque sitúa la digitalización en la acción territorial. Modificar las infraestructuras globales desde adentro es una vía, pero construir comunidad digital desde los suburbios implica otros desafíos políticos.
Diana Mello, coordinadora de seguimiento de proyectos, explica que el proceso de digitalización ha sido un objetivo reciente en la organización debido a las dificultades de acceso y financiamiento. Gracias a DemocráTICa, los jóvenes de la comunidad produjeron tres podcasts especializados en democracia digital, integrados en una serie de diez episodios denominados ‘El pulso y la trama’, que abordaron temas como la educación popular, el arte territorial, las juventudes y la producción cultural de los suburbios. El proyecto sirvió como un dispositivo técnico para potenciar lo que denominan la ‘democracia callejera’ –una caravana que lleva talleres y espectáculos a plazas del barrio a través de un colectivo antiguo–, trasladando manifestaciones físicas al ecosistema digital.
No obstante, disputar relatos públicos y documentar realidades complejas expone a las comunidades a riesgos tangibles de vigilancia. Para mitigar esta vulnerabilidad opera Tella, una aplicación de código abierto desarrollada por la organización Horizontal. Tella funciona como una bóveda encriptada que protege la identidad, los contactos y la evidencia recolectada por activistas, periodistas y defensores de derechos humanos en entornos represivos, como el monitoreo electoral en Nigeria y Bielorrusia, o la documentación de crímenes ambientales en Brasil.
“Lo que hace es ocultar información en el teléfono de las personas y encriptarla para que, al cruzar una frontera o si estás documentando violencia policial y alguien te requisa el teléfono, no puedan acceder a la evidencia para borrarla o incriminarte”
detalla Carolina Hadad, integrante coordinador de Horizontal. La resiliencia de la herramienta radica en su diseño situado: no requiere conexión a internet para proteger los datos y está pensada incluso para comunidades vulnerables, como colectivos LGBT en países donde su identidad está criminalizada.
De este modo, la tecnología deja de ser un vector de vigilancia para convertirse en una infraestructura de autodefensa y cuidado colectivo.
“Nos escribió una organización internacional que trabaja en un país de África. Quería entrenar a los periodistas que iban a hacer el proceso de recolección de datos, se iban a a conectar a un servidor que era Open Data Kit, es uno de nuestros servidores y los ayudamos a pensar cuál podía ser para su contexto y para su caso de riesgo, para los riesgos que estas personas en este contexto experimentaban”.
Estos referentes de adaptación de las plataformas digitales en contextos locales también pueden situarse en otras latitudes. Desde Colombia, organizaciones como Fundación Tierra Montemariana co-diseña con las juventudes sistemas digitales optimizados para baja conectividad, creando un ‘Manifiesto Ciudadano Digital’ para divulgar mecanismos de incidencia que fortalezcan la participación de mujeres y jóvenes rurales en Bolívar. Mientras tanto, en Cali, Halcón Mirón utiliza inteligencia artificial vía WhatsApp para traducir información estatal técnica a audios y lenguaje sencillo, permitiendo que barrios vulnerables ejerzan una fiscalización real.
Los retos de la precariedad estructural
Pero desplegar estos procesos en América Latina exige asumir las realidades materiales locales. Según la línea de base de DemocráTICa, el 45% de estas colectividades enfrentan brechas de conocimiento técnico y el 55% opera con presupuestos anuales limitados (inferiores a los USD 50,000). Así, trabajar bajo estas condiciones implica que los logros tecnológicos suelen verse amenazados por carencias básicas de hardware, nula alfabetización digital y conectividad intermitente.
En el caso de El Culebrón Timbal, las limitaciones estructurales marcaron el inicio del proyecto.
“No teníamos ni computadoras para todos; el nivel de digitalización de la organización era muy bajo”
explica Diana Mello. Esto significa que uno de los principales retos fue entender que aunque los jóvenes pueden ser ‘nativos digitales’, las desigualdades preexistentes abren brechas digitales amplias que dificultan su adaptación en la producción de contenidos. El equipo requirió el acompañamiento continuo de dos facilitadores y una donación intermedia de computadoras por parte de la Fundación Banco Hipotecario de Argentina. Mello señala que en general, para las organizaciones culturales de base social existe una desigualdad de condiciones en habilidades de marketing, diseño y posicionamiento para lograr los retos que el mundo digital propone.
Por su parte, Wikimedistas de Jujuy enfrenta barreras geográficas y de alfabetización que ralentizan sus procesos pedagógicos. Al trabajar en territorios remotos, articulando esfuerzos con la Fundación Puna, se topan con cortes de luz recurrentes, falta de señal e interlocutores para quienes las herramientas digitales son un territorio nuevo. Esto los obliga a diseñar talleres presenciales extensos y fragmentados: un primer encuentro explicativo para debatir qué dice internet sobre ellos; dos semanas de espera para una segunda sesión de subida de imágenes de a Wikimedia Commons; y un tercer encuentro dedicado exclusivamente a la redacción y edición de artículos en Wikipedia.
A estas barreras se suman los retos de diseñar software para contextos donde los dispositivos son obsoletos o buscar soluciones gratuitas que pueden dejar vulnerables a los equipos en campo. Carolina Hadad explica que uno de los mayores desafíos para Tella radica en desarrollar una infraestructura capaz de correr
eficientemente en celulares viejos y que resulte intuitiva para personas sin educación técnica, garantizando la seguridad sin añadir fricción. Asimismo, advierte sobre los peligros de adoptar soluciones rápidas generadas mediante inteligencia artificial sin auditorías externas:
“En espacios donde la privacidad es clave, veo riesgo en la tendencia de generar una aplicación rápidamente y compartirla a activistas que por ejemplo, trabajan bajo una dictadura. Herramientas establecidas como Tella o Signal pasan por auditorías de seguridad externa y revisión de código. Una tecnología nueva puede tener fallas y poner en riesgo a las personas”.
Innovación situada y descolonización de los datos
Pese a los retos estructurales, las organizaciones han entendido que en este proceso de digitalización el camino no es adaptarse a su entorno sino moldear y situar la tecnología a los procesos colectivos.
“No se trata de cómo la tecnología cambia la cultura viva sino al reves: yo creo que la cultura cultura viva comunitaria aporta la necesidad de que las acciones no sean solo en el marco de lo digital, sino que se complementen con acciones físicas, corporales en el territorio, en el encuentro con el otro porque el el universo digital es sesgado”
señala Mello, desde El Culebrón Timbal.
En otras palabras, cuando las herramientas se adaptan a las realidades locales, dejan de ser instrumentos de extractivismo informativo y se convierten en plataformas de resistencia legítima. Para Wikimedistas, esta exposición se realiza bajo criterios éticos estrictamente locales:
“Nosotros hacemos mucho hincapié en que no todo el conocimiento es publicable, no todo debe estar en Wikipedia. Por ejemplo, somos muy cuidadosos con los conocimientos ligados a la medicina ancestral porque no buscamos ser extractivistas tampoco sobre el conocimiento ancestral. Más que nada se han liberado fotografías de flora y fauna, pero no hay grandes descripciones de cuál es la utilidad precisamente para evitar esto”
explica Flores, coordinador del proyecto.
Esta soberanía de datos incluye decisiones tan cruciales como la eliminación deliberada de metadatos de geolocalización. En los talleres se instruye a los participantes para borrar las coordenadas geográficas de las imágenes antes de subirlas a Wikipedia Commons. El motivo es estrictamente de conservación territorial:
"Si subiéramos una foto geolocalizada de especies de cactus que aquí tenemos en peligro de extinción, en realidad podríamos promover que vaya alguien y se robe el ejemplar".
Así, la decisión de qué digitalizar permanece bajo control comunitario.
Sostenibilidad y permanencia: más allá del financiamiento
El verdadero impacto de estas iniciativas se mide en su capacidad para echar raíces y permanecer en las comunidades una vez que los financiamientos concluyen. Para lograrlo, las organizaciones despliegan estrategias holísticas que trascienden la mera creación de un producto, enfocándose en la creación de capacidades autónomas y en la apropiación política de las herramientas.
Desde la perspectiva de Horizontal, la permanencia de Tella no se limita a su distribución en tiendas comerciales convencionales. Debido a que el registro en Google Play Store o App Store puede ser peligroso o inaccesible en algunas regiones, la organización distribuye la herramienta a través de canales alternativos como Telegram, Trello o F-Droid (un repositorio privado que no exige cuentas de Google ni almacena registros de descarga). Actualmente, la app cuenta con más de 20,000 usuarios activos rastreables, pero su alcance real es mayor debido al intercambio directo entre redes de activistas.
Para asegurar su adopción a largo plazo, Tella trabaja con entrenadores locales, quienes adaptan los talleres presenciales a los riesgos específicos de su entorno. Asimismo, complementan el ecosistema con Shira, una aplicación diseñada para entrenar a las organizaciones en la detección de ataques de ingeniería social y phishing, protegiendo la información sensible del tejido social de forma cotidiana y permanente.
Por otro lado, los procesos comunitarios demuestran que las herramientas tecnológicas adquieren vida propia cuando los territorios se apropian de ellas. Las juventudes de El Culebrón Timbal, tras finalizar la agenda de podcasts inicialmente pautada, decidieron continuar de forma independiente. Actualmente gestionan sus propios contenidos y salen a las calles a entrevistar a otras organizaciones para abordar las problemáticas que ellos mismos deciden priorizar, buscando activamente nuevas vías de financiamiento para sostener un rol de comunicación permanente.
En Jujuy, los Wikimedistas han estructurado la permanencia mediante la entrega de un balance público al cierre de su ciclo de implementación. Aunque reconocen que la virtualidad suele ser excluyente debido a las distancias y los costos de movilidad en el norte del país, el equipo ha incorporado una persona encargada del acompañamiento en remoto para dar seguimiento continuo a las ediciones de las nuevas personas editoras. De este modo, la comunidad se asegura de que el ejercicio de auditar y actualizar la enciclopedia se convierta en una práctica habitual y autónoma.
De esta manera, concluye Carolina Hadad, de Tella:
“En el mundo de hoy invitamos a entenderse como sujetos, no solo receptores. No entender a la tecnología como algo dado, único y neutro, porque no lo es, sino que los instrumentos que usamos responden a intereses que no necesariamente están alineados con nuestros intereses individuales y que uno tiene libertad de acción”.
Gabriela Herrera GómezLiterata, historiadora, social media manager y periodista colombiana enfocada en Cultura y Derechos Humanos. Ha publicado en distintos medios colombianos como Revista BOCAS, El TIEMPO, Cerosetenta, Círculo de mujeres- Revista SEMANA y Revista Gaceta. Ha trabajado en el Ministerio de las Culturas, las Artes, los Saberes, en Universidad de los Andes y el FOTOMuseo Museo Nacional de Fotografía de Colombia. Beca de excelencia Maestría en Periodismo de la Universidad de los Andes. |


